De la concesión del título de «católicos» a Fernando e Isabel: la bula «Si convenit»

 
 
            Acostumbrados como estamos a llamar a Isabel I de Castilla y a Fernando II de Aragón y V de Castilla “los Reyes Católicos”, pocas veces nos preguntamos de donde viene titulación tal, pero lo cierto es que, como pasa con todas las cosas, el origen existe, y en este caso, además, es sobradamente conocido y está bien estudiado.
 
            Más allá de que existan algunos precedentes de la cuestión a los que también dedicaremos una entrada en esta columna, la concesión expresa y concreta de la titulación proviene de una bula pontificia otorgada en Roma el 14 de enero de 1496 (del calendario juliano) por el Papa Alejandro VI. El original de la misma se encuentra en el Archivo de Simancas Cat. V, Patronato Real, volumen I, Valladolid 1946, pág, 471, n. 3.363: Bula d Alejandro VI concediendo a D. Fernando V y a Dª Isabel el título de Reyes Católicos, kalendas ianuarii [19 diciembre 1496].
 
  

Alejandro VI

           Debemos su traducción del latín a Eusebio Rey, S. I., quien la presenta en la revista Razón y Fe número 146 del año 1952, (pags. 59-75), en el artículo que titula “La bula de Alejandro VI otorgando el título de ‘Católicos’ a Fernando e Isabel”, que a mí me ha facilitado con una diligencia, un cariño y una premura dignos de todo encomio y agradecimiento por mi parte, el actual director de “Razón y fe”, el jesuita Daniel Izuzquiza.
 
            Explica Eusebio Rey cómo es el original de la bula.
 
            “Va escrita sobre pergamino en bellos caracteres gótico-curiales. El sello es de plomo y lleva las dos clásicas efigies de San Pedro y San Pablo. El cordón, oro y plata, es propio de algunas bulas de excepcional importancia, destinadas a personas reales. Así lo lleva la bula en la que León X nombra a Enrique VIII de Inglaterra Defensor fidei […] La bula la firma el vicecanciller que en 1496 lo era el célebre César Borja, cardenal de Valencia”.
 
            Y procede luego a su cabal traducción al español, en la que encontramos estas palabras del papa:
 
            “Pensando nosotros todas estas cosas y repasándolas con grato recuerdo, como quiera que nos parecía justísimo y muy conforme a la obligación con que estamos peculiarmente vinculados a Vuestras majestades, y por ser propio de nuestro oficio pastoral, el que nuestra benevolencia y la de la sede Apostólica hacia vuestras majestades por vuestros méritos tan insignes quedaran honradas ante todos, con alguna señalada muestra de gratitud y puesto que debíais ser distinguidos con un insigne galardón y categoría de honor juzgamos que debíamos consultar antes a nuestro Sacro Senado sobre este honor que deseábamos decretar. En este Senado con gran alabanza vuestra , vistas todas las cosas maduramente concurriendo en vuestro honor los votos de todos vuestros venerables Hermanos Cardenales de la Santa Iglesia Romana por consejo de los mismos y en premio de los méritos precitados y a vuestras egregias virtudes de señalado celo de la fe católica y devoción a la Iglesia Romana, y para que los demás príncipes cristianos más se estimulen con vuestro ejemplo a merecer bien de la fe católica y de la Sede Apostólica, y esperando que contra los africanos y otros infieles Vuestras Serenidades han de reportar a la república cristiana cada día frutos más fecundos, y que perseverando en esta devoción y obediencia no habéis de faltar jamás a la misma Iglesia, Vuestra Madre Piadosa, y a la Sede Apostólica, y a nosotros que en ella nos sentamos, decretamos llamaros en adelante, por especial prerrogativa y privilegio “Católicos” y señalar y honrar con este título peculiar en nuestras inscripciones a vuesras pesonas a las cuales en uso de nuestro oficio apostólico por las presentes señalamos, honramos y nombramos con este tan ilustre título”.
 
            Curiosamente, entre las razones que aduce el Papa para la concesión no se encuentra ni el descubrimiento ni la evangelización de las tierras transatlánticas gracias a las diversas expediciones marítimas de Colon, los Pinzones y los sucesivos marinos castellanos para cuando la bula es emitida en 1496, y sí por el contrario, la pacificación de los distintos reinos de España, la conquista de Granada, la expulsión de los judíos, la defensa de los intereses pontificios en Nápoles y Sicilia e incluso las campañas que llevaban a cabo en aquel preciso momento los reyes de España en las plazas del norte de Africa.
 
            La bula se enmarca dentro de las concedidas por la época a otros monarcas de la cristiandad, entre las cuales la ya citada bula “Ex supernae” en la que el Papa León X nombra a Enrique VIII de Inglaterra “Defensor fidei”, la “Maxima ac preclara” en la que el Papa Benedicto XIV otorga al rey Juan V de Portugal el título de “Fidelísimo”, o la “Pacificus et aeternues” que León X dirige a Carlos V, todas ellas sin embargo posteriores a nuestra “Si convenit” (Si es conveniente).

 

Sepulcro de los Reyes Católicos

 
            Isabel y Fernando hicieron efectivamente buen uso del título recibido, de una dignidad no imaginable hoy y que supera la que otorgan titulaciones como el Premio Nobel o el Premio Carlomagno, por mencionar sólo dos ejemplos, algo de lo que es buena prueba el epitafio labrado por el escultor italiano Domenico Fancelli (1469-1519) y mencionado igualmente en el artículo citado de Eusebio Rey, el cual reza como sigue:
 
            “En este sepulcro de mármol descansan los dos esposo unánimes, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, derrocadores de la secta de Mahoma, aniquiladores de la herética pravedad, apellidados los Católicos”.
 
            Y bien amigos, sin nada más por hoy, me despido de Vds. una vez más deseándoles que hagan mucho bien y que no reciban menos. Por aquí le espero mañana.
 
 
            ©L.A.
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