INVENCIÓN DE SAN ESTEBAN – 3 DE AGOSTO

El DESCUBRIMIENTO DE LAS RELIQUIAS. — El 3, 10 y 17 de Diciembre de 415 un piadoso rabino judío contemporáneo de S. Esteban, se apareció al sacerdote Luciano que vivía entonces en Cafar- Gamala, cerca de Jerusalén. Le recomendó le­vantase sus huesos, juntamente con los dé su hijo Abibas de Nicodemus, y los del protomártir Esteban. Indicó el medio de reconocer las reli­quias de San Esteban: el mártir estaba enterrado al Oriente de los otros tres cuerpos. Una visión del monje Migethios precisó que los santos se encontraban en una tumba en ruinas sita, al Oeste de una colina que existe hoy todavía.

Las excavaciones emprendidas bajo sus in­dicaciones tuvieron un término feliz. Cuando fué separado el cuerpo del mártir, se extendió un olor suave y muchos enfermos que estaban pre­sentes sanaron milagrosamente. El Obispo de Jerusalén, Juan, que se había dirigido a este lugar con dos de sus colegas, procedió al reco­nocimiento de las reliquias y a su solemne tras­lación a la Iglesia de Santa Sión de Jerusalén. Permanecieron allí hasta el año 439 en que fue­ron colocadas en el Martiryum que la empera­triz Eudosia y el Obispo Juvenal habían hecho levantar en el lugar de la lapidación.

SAN ESTEBAN

Tal fué la Invención, o más bien, según la expresión de los contemporáneos, la Revelación del cuerpo de San Esteban. Este suceso, tan pronto como fué conocido causó una emoción extraordinaria en toda la cristiandad. Había vivo interés por conocer todos los detalles y so­bre todo por poseer algunas reliquias del Santo.

Reparto de las reliquias. — El sacerdote Lu­ciano extrajo una parte a ocultas que se guardó. Por mediación de un peregrino español, Pablo Orosio, algunos fragmentos de estas reliquias fueron a parar a la isla de Menorca donde cau­saron la conversión de un gran número de ju­díos. El Obispo de Uzalis, recibió también una parte de éstos restos sagrados, y desde entonces andan distribuidas por las iglesias de Africa reliquias de San Esteban: en Aguas Tibilitinas, Calama, Hipona. Los milagros obrados son nu­merosos y clamorosos. Así el Domingo de Pascua de 425, un joven epiléptico que estaba rezando ante la memoria de San Esteban en Hipona, se curó repentinamente de su mal y el martes de Pascua, su hermana, agobiada por los mismos dolores sanó también. San Agustín nos recuerda estos prodigios y toma de aquí motivo para mos­trar al pueblo que, lo mismo que en los tiempos apostólicos, el favor divino se hace visible en su tiempo, azotado por la invasión de los bárbaros. El Santo Obispo nos dice que había individuos que gustaban llevar consigo reliquias de San Es­teban y se había encontrado una lámina de plo­mo que atestiguaba que en el siglo VII se usaba aún en Africa.

Hacia el 438, Constantinopla, la capital del imperio, recibió importantes fragmentos del cuerpo del protomártir. Más tarde, hacia fines del siglo vi, en tiempo del Papa Pelagio II, estas reliquias fueron a parar a Roma, donde ya en el siglo v se habían multiplicado los santuarios en honor de San Esteban. El clero de Jerusalén se mostró muy generoso en la distribución de los restos del gran Santo, y gracias a esta difusión de las reliquias en el mundo cristiano, el culto de San Esteban se propagó rápidamente.

El culto de las reliquias. — En Constanti­nopla, la fiesta del 2 de Agosto (celebrada el 3 en Occidente) tenia primitivamente por objeto la traslación de las reliquias que acababan de llegar de Jerusalén. El más antiguo Sacramenta­rio romano, atribuido al Papa San León, ha con­servado numerosas fórmulas de misas para esta fiesta. La última hace alusión a la dedicación de una basílica. Hay que notar que ninguna se re­fiere precisamente al descubrimiento de las re­liquias de San Esteban. Celebran sencillamente en “el Santo levita, las primicias del Martirio”. En cuanto al misal romano actual, señala para la fiesta de este día la misma Misa que en el 26 de Diciembre.

iNVENCION DE SAN ESTEBAN

El objeto especial de la fiesta no deja de re­ferirse por eso al feliz descubrimiento de los restos del primero de los mártires. El relato de la Invención nos muestra claramente cómo de­bemos comprender este suceso. El mundo cris­tiano estaba entonces revuelto por las invasio­nes de los Bárbaros en el Imperio; un malestar indefinido se cernía sobre las almas, pues siempre se había creído que la civilización cristiana es­taría unida con la prosperidad de Roma. La caí­da del Imperio en 410 ¿no iba a traer consigo la de la Iglesia? El suceso de la revelación de San Esteban estaba destinado por la Providencia a dar confianza a las almas atormentadas por la duda. En efecto, en la primera visión, Gama- liel dijo al sacerdote Luciano: “Obremos, para que por medio de nosotros Dios abra al género humano la puerta de su misericordia.” El viernes siguiente, nuevas instancias: “¿No ves qué an­gustia y qué turbación existe en el mundo? Vete a decir al Obispo que nos abra y construya un lugar de oraciones, para que por nuestra inter­cesión Dios tenga piedad de su pueblo.”

Súplica. — Tu intercesión, oh Esteban, será siempre eficaz, si estamos animados de aquella tu robusta fe. Estuviste lleno de la fe y del Es­píritu Santo, lleno de gracia, de fortaleza y de Sabiduría, nos dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Ojalá podamos comprender, en me­dio de los turbados tiempos por que atraviesa el mundo, que Dios no nos abandonará, como nun­ca ha abandonado a sus fieles. Su Providencia quiso manifestar su infinita misericordia a los cristianos, desorientados ante la invasión de los bárbaros, descubriendo tus sagradas reliquias. Esto reavivó sus ánimos. Ojalá pudiésemos com­prender mejor en este día, oh Esteban, a la luz de la fe, que Dios nos lleva a El por sus caminos. Ojalá que alumbrados por ese Espíritu Santo que a ti te llenó, estuviésemos en todo tiempo atentos a seguir el divino querer sobre nosotros. Ojalá a ejemplo tuyo, imitemos cada día más la vida de Jesús y perdonemos a nuestros ene­migos, para así merecer la dicha eterna de con­templar a ese mismo Señor, sentado a la diestra del Padre, que vive y reina por los siglos de los siglos.

IGLESIA DE LA INVENCION DE SAN ESTEBAN

Iglesia de la Invención de San Esteban

Extraido de «El año Litúrgico» Don Próspero Gueranger T.4 págs. 715-719

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